sábado, 8 de noviembre de 2008

Final trapo sucio

El tipo entró en el kiosco dejándome un charco de sangre a cada paso. Se veía nervioso. Su corazón golpeaba como el percutor de un revolver, dado que el líquido vital que brotaba de su cuerpo pedía a gritos conocer el aire, conocer la luz, conocer su propia perdición.
-“¿No tenés una curita?”, -me preguntó, nervioso y avergonzado a la vez.
-“No”. -Le dije.
Tenía, pero el infeliz me estaba llenando de roña todo el local.
Se marchó llevándose consigo todo ese reguero nauseabundo y asqueroso de su propia vida desmontándose lentamente. Al llegar a la puerta miró hacia atrás, como queriendo despedirse de su esencia que iba quedando en el camino. Como queriendo recordar lo que él era, cruzó el umbral y se fue para nunca volver.
Enjuagada con un trapo sucio y hediondo se fue la vida de una persona.

1 comentario:

mario skan dijo...

bien escrito, entre gracioso y mórbido, buena disposición para la ironía.

adianchi Morgan