lunes, 2 de febrero de 2009

Una visita ilustre

Para Henry, quien vivió una historia parecida.

Ayer, 24 de diciembre, tarde a la noche, un viejito golpeó a la puerta de mi casa.
Juro que a veces me encanta pasar las fiestas solo, por una cuestión de respeto hacia mí mismo. No me gusta disfrazarme con la ropa de la cordialidad y sonreírles a algunos parientes que sé que me odian. De todas maneras justo en ese momento la soledad me jodía un poco, así que esta visita no me fue desagradable.
No era Papá Noel (es falso eso que todos los ancianos que aparecen el 24 de diciembre son Papá Noel), era un vagabundo.
Tenía la cara cubierta de una barba gris, una tristeza propia de aquellas personas a las cuales el cariño les resultó esquivo y hambre de algunos días. Su ropa era integral a su estado de ánimo y dejaba atisbos de olor desagradable a cada paso.
Golpeó, creo que sin demasiadas esperanzas. Me miró con algo de vergüenza, un ápice de ilusión y mucho de cansancio.
-¿No tiene algo que le sobre para comer?-
Creo que en estas fechas, por una cuestión de estupidez o tal vez culpa, casi todas las personas nos ponemos más caritativas, como si Dios, de existir, nos observara con más detenimiento.
Con bastante desconfianza le permití que entrara. Traje algo de pollo para los dos, comimos juntos (aunque mantuve una cierta distancia prudencial, de puro boludo, nomás) y nos pusimos a hablar... de fútbol.
Me contó que había sido futbolista. Al principio no le creí. Al final tampoco, pero su historia era bastante entretenida. Según él, había jugado en Almagro. Su sueño, como el de cualquier jugador, era llegar a la primera de su equipo, en su caso, River.
Al parecer tenía todo para cumplir su sueño. Era un 5 muy aguerrido, cabeceaba todo lo que le tiraban y a su falta de dominio la suplía con “huevos”. Los que lo vieron jugar decían que tenía más polenta que mostaza Merlo.
A los 20 años se había ido a probar a Racing, al técnico le había gustado, tenían un arreglo de palabras con los dirigentes… Para fin de año debía viajar a Avellaneda y ahí verían una posibilidad seria, quizás un contrato.
Un 12 de Noviembre su carrera se vio trunca para siempre. Faltaban quince minutos para terminar el partido cuando, en el equipo contrario, entra el “guadaña” Martínez. Todos dijeron que fueron a trabar. Mi narrador, me juró que el otro le tiró a partir. Si eso quiso, le salió bien. Le rompió la rodilla con tanta precisión que se temió que volviera a caminar.
De ahí en más nunca se volvió a saber de él. La tristeza lo fue venciendo de a poco hasta ganarle por goleada. Su familia no pudo sacarlo de la depresión, ni más tarde de la calle.
Viendo que el tipo era bueno contando historias, y que le gustaba el fútbol como a mí, decidí invitarlo todos los viernes (porque es el día que pasan un partido por el canal abierto) a mirar fútbol y a comer algo, lo que haya.
Antes de irse, el tipo manoteó algo de una bolsa que traía, lo sacó y me lo mostró. Era un brazalete de capitán, con las iniciales J.P., al lado del escudito de Almagro. Dicho esto, guardó su pequeño tesoro y enfiló hacia la puerta.
Me dijo que en una de esas volvía. Andá a saber.

2 comentarios:

mario skan dijo...

Muy buena su historia de fútbol, salvo algunos tocados por la varita mágica los 5 casi siempre suplen el dominio con huevo, mostaza, ruben américo, blas, el chicho y el checho.

saludos

Morgan dijo...

Hola Mariano. Usted tiene razón. Me alegro que me lea. Un abrazo, nos vemos estos días.