Cuando Rubén Vergara comenzó a escribir ese cuento sobre piratas, nunca creyó que iba a tener éxito. Ya había escrito varios textos, sobre corsarios y sobre muchas otras cosas, y sabía bien que para el rubro “escritores”, la situación siempre era muy complicada.
El dueño del departamentito los amenazaba constantemente a él y a su madre, hacía ya varios meses que no pagaban el alquiler. Para colmo, la tarjeta de crédito los tenía en la lista negra y no podían utilizarla más. Los alimentos escaseaban… era tiempo para el ingenio en ese hogar.
Mientras escribía la narración (siempre en primera persona), Rubén se imaginaba con tanta fuerza cada una de las acciones que incluso podía sentir el viento húmedo en la cara, el aroma del agua de mar, el peso de su espada abriendo camino en el vientre del navegante enemigo.
Incluso mientras dormía, soñaba con las andanzas de ese perverso pirata.
Era increíble. El pequeño barco cortaba las olas como un cuchillo una naranja, esas bocas desbordantes de alcohol vociferaban insultos y amenazas con un coraje poco común, ese que proviene del miedo, que no conoce límites. La adrenalina se saboreaba como el agua salada.
Cuando abordaban un barco, el preciado metal era tan sublime como una mujer enamorada, como el licor más costoso, como la locura.
“…al abordaje, a matar a estos hijos de puta, que no quede ninguno, disparen contra todo lo que se mueva, a ver esos cañones, vamos, que se va a ir a pique, saquemos todo lo que encontremos de valor, dispárenle a ese que parece que está vivo, sigan, mierda, vamos. Maten a todos. Pero disparen, la puta madre, vamos. Vení, hijo de puta, que yo sé que estás vivo.
Luego del abordaje, el capitán nos premiaba a todos con cinco doblones de oro, como siempre decía él… “porque vi fiereza en tus ojos”
-¿Rubén, te querés despertar de una vez por todas? Son las ocho de la mañana, sabés bien que tenés que hacerme los mandados.-la voz de su madre sonó violenta y enojada, como lo hacía cotidianamente.
Al rato, cuando se levantó, Rubén notó que algo había en el bolsillo de su viejo pantalón de Educación Física que ahora era un pijama. Al sacarlo, la sorpresa inmediatamente se mezcló con incredulidad: eran cinco doblones de oro “porque vi fiereza en tus ojos”.
Reescrituras
Hace 7 años
4 comentarios:
"sublime como una mujer enamorada, como el licor más costoso, como la locura". Me encanta esta frase.
El relato me recordó la canción de Serrat: "Marchando una de piratas...Larga vida y gloria eterna.Para hincarles de rodillas
hay que cortarles las piernas."
Desapareció la entrada anterior?
Si, lo borré. Tenía que hacerle muchas correcciones. Me daba vergüenza porque en todas las cosas que me dijiste tenías razón.
No conozco la canción. Gracias por escribir.
Pero no... cómo lo vas a borrar?
No fue mi intención, al contrario, me gustaba, no eran errores eran licencias poéticas.
Es hermosa la canción, si te gusta Serrat, escuchala. Se titula "Una de piratas" casi igual a tu entrada. Un placer visitarte.
Hola Morga, me gustó tu relato.ta bueno despertar con guita en los bolsillos.
saludos y pasá por casa
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