…dijo un kiosquero cansado tratando de escuchar mi automática aprobación.
No sé, pensé yo… creo que estaría en cualquier lugar sabiendo que esta puta soledad me saca, aunque sea por un rato, sus ansiosas garras de mi cuello flaco y pálido.
No sé, pero yo estaba en ese kiosco para meterme por un rato en el mundo cibernético con el ánimo de encontrarme con algún conocido, simplemente para sentir, por un instante que le intereso aunque sea un poco.
La frase del kiosquero no me agradó tanto, me hizo sentir un poco torpe, o extraño. Lo curioso fue que cuando vi el pasillo, me di cuenta que no era yo solamente el que iba a pedir auxilio a un prójimo hecho de pantallas y cables, de teclas y de programas…
Una vez que salí, sin encontrar a ningún “amigo”, me dirigí a mi domicilio. A los pocos pasos siento el sonido indiscutible un choque, las puteadas consiguientes y, extrañamente, un milico en el lugar apropiado, para hacer algún papel protagónico en ese patético escenario denominado “calle”.
El sol convertía a la ciudad en un gran horno con el techo abierto de par en par. Caminé un poco más, tratando de salir de la zona de influencia del tortazo de los autos. Al pasar por una iglesia, una multitud de infeligreses me hizo pensar que tal vez no todos querían estar a orillas del río, que tal vez Dios hoy estaba en la iglesia, que ése era el lugar indicado para estar, achicharrándose con alegría, imaginando el cielo de los panes quemados, el paraíso de la carne chamuscada…
Unas cuadras más adelante me llega el grito del paso del tiempo…
…feliiiiiiiiiiiiiz, que los cuuuuuuuuuuuumplas,….
En un pelotero algunas personas le querían hacer entender a un chiquilín que un año es mucho más que 365 días, y que ese día es muchísimo más importante que todos los demás.
Caminé acelerando el paso, tratando de llegar a mi cuchitril sin que ninguna de estas ideas se me escapara. El andar se hizo trote. Me saludó una vecina (¡qué linda que es, carajo!), ojalá no me olvide de lo que quiero contar.
Prendí la computadora (dale, carajo, que me olvidoooo). Comenzó a activarse la pantalla (dale, la concha de tu hermana), se viene un color azul y algunas letras (dale, la puta madre). Ahora sí, palabras que no quedarán en el negro espacio de la nada, que ojalá que alguien las conozca y se ría… o no sé, algo.
El pantalón se me pega al cuerpo. La remera, con su respectiva pestilencia a humano podrido, fue a parar arriba de una montaña de ropa que algún día lavaré.
Lindo día para estar en casa de uno, escribiendo bobadas, pensando que me leerán, que gracias a eso estaré menos solo… lindo día para no estar en el río, viendo a la gente nadar y reír de boludeces… fin.
Reescrituras
Hace 7 años
5 comentarios:
Acabo de encontrar tu blog, me gusta mucho lo que escribís, seguí, besos!
PD: Mariano Skan: te felicito por tu sociabilidad! pero pará de hacerle comentarios con tonito de profe de literatura calificando a su alumno, o con mala onda, a alguien que escribe mejor que vos.
Mil gracias por sus comentarios, gente linda. Traten de no lastimar o herir a nadie, nomás. esos.
esos = Besos.
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