martes, 28 de octubre de 2008

seis paredes

Seis paredes

Ahí viene el cortejo.
Al frente sus dos hermanos. Detrás otros parientes, supongo. Adentro, ella. Ella, quien hace un par de días me llenó de sexo delirante y alcohol insolente. Ella, quien liberó mi pequeño mundo con banderas de alegría oscura y pasadizos profundos hacia un lejano e impiadoso mundo. Ella. Siempre Ella.
Recuerdo nuestros encuentros secretos en que nos mordíamos hasta sangrar, al ritmo de una danza perversa sobre mis piernas, al compás de sus gemidos. Nos gustaba dialogar con quienes van y viene, con quienes ya ninguna prisión encierra. La recuerdo gritando enloquecida, jugando a hundirse agujas, o gilletes, o cosas así. La veo lamer su sangre gozando de su dolor, como si ese fuera el brebaje más dulce, el elíxir de la inmortalidad.
Ahora su cuerpo está encerrado en seis paredes de madera.
Nadie me ve.
Ahí están los demás parientes. Veo sus lágrimas sucias y fingidas, caer abarrotadas de esas cremas que se ponen las viejas pobres pero presumidas. Veo a todos vestidos de negro. Me hacen pensar en cucarachas llevando un pequeño tesoro. Veo sus odios eternos, ahora justificados porque Ella los hace ensuciar en el barro al caminar.
Nunca nos entenderán. Ni antes, cuando nos reíamos embriagados y nos burlábamos de ellos, ni ahora. Antes no teníamos fronteras para cagarnos en lo que nos rodeaba. Ahora tampoco, pero “ahora” es distinto.
Los veo venir hacia donde estoy. Pensé que iban a enterrar su ataúd junto al mío, no sé porqué. Ni antes ni en estos momentos nos quieren juntos.
Nadie nos ve.
Ella toma mi mano y me pide que nos vayamos. Dice que le dan pena los entierros.

1 comentario:

mario skan dijo...

Permitame hacerle una crítica desde mi humilde punto de vista, veo a este texto demasiado cargado y como que también se espera de él un final sorpresivo. Tal vez ese sea el objeto del mismo, si es así, lo ha cumplido.

un abrazo Morgan, master of pupet o cómo se escriba